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COMERCIO INTERNACIONAL
Cuando terminé el secundario, estaba
totalmente convencida que iba a ser ingeniera nuclear. Tan segura,
que en mi viaje de egresados, fui a conocer el Instituto Balseiro. Para
estudiar ingeniería o física nuclear tenes que primero tener aprobado el
tercer año de cualquier carrera exacta y luego rendir un examen, demás esta
decir que solo unos pocos lo logran. Me anoté en la U.T.N. en la carrera de
Ingeniería Química y tuve que esforzarme muchísimo porque no tenía el mismo
nivel de matemática, física y química
que el que tenían casi todos mis compañeros que habían egresado de colegios
industriales. Cuando llegué al tercer año, ya mi vocación nuclear se había
desvanecido y me di cuenta que no estaba estudiando lo que realmente me
gustaba. Pasó a ser un sacrificio.
Así, un día después de dar muchas
vueltas, decidí dejar Ingeniería, lo viví como una derrota, tuve que
procesar una especie de duelo. Pero de algo estaba
segura, tenía que intentar con otra carrera, y en lo posible del
rubro “carreras cortas”.

El comercio internacional no es nada más ni nada menos que la compra –
venta de bienes pero con un obstáculo muy importante: la distancia. Dos
personas, una que quiere vender y otra que quiere comprar, que viven en
diferentes países, se tienen que contactar, llegar a un acuerdo, enviar la
mercadería, pagarla; y en cada una de estas acciones pueden surgir un sin
fin de problemas. Uno puede ser el idioma, otro la confianza. Y esta carrera
te prepara para afrontar cada una de las etapas.
Una vez que te recibís podes trabajar en empresas (vendiendo “exportando” o
comprando “importando”), en el rubro del transporte (aéreo, marítimo,
terrestre), o de los seguros, o en bancos, o como despachantes de aduana, o
en la Aduana. Cada parte tiene sus encantos, y cada uno se puede desarrollar
en lo que le es más afín.
Tuve la suerte de trabajar en muchas empresas, ya sea en la parte de
importaciones o en la de exportaciones, o ambas a la vez. Conocí a muchísima
gente de lugares que tal vez nunca hubiera conocido (Rusia, Sudáfrica, Hong
Kong, Israel, casi toda Europa y América), tengo grandes amigos en cada uno
de esos lugares. El inglés pasó a ser mi lengua principal.
Desde hace algunos años trabajo en la Aduana, haciendo trabajo de oficina y
yendo a las plantas a controlar las cargas de exportación. Fue como cruzar
la calle, tengo una visión diferente de las cosas.
Mi consejo es que no tengas miedo a equivocarte y que nunca te conformes con
lo que tenes, siempre se puede aprender otra cosa, siempre se puede hacer
otra cosa, lo importante es tratar.
Karina Martínez
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