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MEDICINA Elegí esta carrera porque reunía la posibilidad de adentrarme en el conocimiento del ser humano, los procesos que llevan de la salud a la enfermedad, las herramientas terapéuticas para restablecer la salud, y la posibilidad de aplicar todo esto en el servicio a los demás. Estudio, ciencia, conocimientos, servicio... No tenía claro al comenzar a estudiar a qué me iba a dedicar específicamente en el futuro. A medida que uno va avanzando va conociendo las diferentes posibilidades y empieza a hacer elecciones. En medicina algunos se dedican a la investigación, otros a la clínica. Dentro de la clínica existen las especializaciones básicas: clínica médica, pediatría, ginecología y obstetricia y cirugía. Cada una de ellas tiene sub-especialidades. La carrera dura 6 años (incluyendo CBC, y un último año que se llama Internado Anual Rotatorio). Algunas materias se cursan en la facultad, y otras en hospitales (unidades docentes hospitalarias). El último año es eminentemente práctico, rotando por hospitales en las principales especialidades. Luego de recibirse, lo ideal es acceder a una residencia. La residencia es un sistema de aprendizaje en servicio, por el cual se percibe un sueldo. Hay residencias de especialidades básicas, duran 4 años, y otras que se llaman posbásicas que son subespecializaciones (duran en general 3 años). También se pueden obtener las especializaciones a través de concurrencias (similares a las residencias pero sin sueldo) o cursos superiores. Por eso en la práctica se dice que la carrera dura 10 años: la carrera en sí, más la residencia. Luego de esto uno sale a trabajar, aunque continúa formándose. Para ser un buen médico hay que estudiar SIEMPRE. Nunca se deja de estudiar (si no te gusta estudiar: no elijas medicina). Haga lo que uno haga, siempre hay que destinar un tiempo para actualizarse, a través de cursos, lectura de revistas científicas, intercambio con colegas en ateneos, reuniones científicas, congresos, etc. Siempre hay conocimientos y técnicas nuevas, y si bien esto también ocurre en otras profesiones, uno tiene en sus manos la vida de otra persona, y esto hay que tomarlo con responsabilidad. Yo elegí pediatría y me subespecialicé en nutrición infantil, que se dedica a tratar niños con diabetes y otras enfermedades metabólicas y nutricionales. Trabajo en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez (CABA) en la Sección Nutrición y Diabetes, y en mi consultorio como pediatra y como nutricionista. Y además como les dije soy docente de Pediatría en la UBA. También hago un poco de investigación clínica. Como ven esta profesión tiene muchas facetas. En mi caso justamente me gusta eso: no hago todo el tiempo lo mismo. ¡Nunca me aburro! Cada paciente es diferente: a veces estoy atendiendo niños sanos, en los cuales me gusta el papel que yo pueda cumplir en la prevención de futuros problemas y enfermedades. Conozco a la familia, los voy acompañando en el crecimiento de sus hijos, los atiendo cuando se enferman, ¡y ya tengo varios que me han traído a sus propios hijos! Otras veces estoy atendiendo chicos con enfermedades crónicas, como la diabetes, que no se curan, y entonces mi tarea es acompañarlos en el tratamiento de su enfermedad, para que puedan tener una calidad de vida similar a la de los niños sanos. ¡Y esto es muy gratificante! Cuando hago docencia me dedico a formar futuros médicos con este modelo, que considere al paciente no como una enfermedad sino como un ser humano único e irrepetible. No me arrepiento de lo que elegí: por el contrario, agradezco cada día poder trabajar de lo que me gusta. Bueno, espero que esto les haya resultado útil y los ayude en la definición de su vocación. Adriana Roussos |
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