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EXPERIENCIA CAMPAMENTO
Corría el año 2006, éramos nuevos en el colegio y nos enfrentábamos a la ardua tarea de muchas caras y nombres que registrar. Como siempre fui un desastre para el tema fisonomista agravado por mi pobrísima memoria, me sentía realmente incómoda cada vez que alguna mamá o papá me saludaba por mi nombre, sin poder retribuirle de la misma manera; entonces me descubría entre cargosas y reiteradas disculpas. Mi hija mayor crecía junto con mi incertidumbre y miedos lógicos que causa el primer hijo y, eso hacía profundizar aún más mi necesidad de comunicación. Más pronto de lo esperado, me relajé al sentir la buena onda que se respiraba con los padres y retribuido el interés por conocernos quedándonos con sabor a poco en las apresuradas charlas a la hora de salida. Fue entonces cuando la idea de organizar algo especial que nos ayudara a “conectarnos”, se cruzó por mi cabeza. Pero no lo concretaría sino hasta el año siguiente. 

A principios del 2007, fuimos invitados por unos vecinos a pasar un fin de semana en un camping. Me sorprendió que mi esposo que es un hombre de fuertes convicciones que, sabe muy bien qué quiere y que no en su vida, accediera a semejante propuesta. A nuestro regreso, si bien el balance había sido positivo, Gerardo decidió incluir entre los NO -firmemente arraigada- la posibilidad de dormir incómodo en una bolsa o colchoneta inflable dentro de una carpa y menos aún, sin un baño en una habitación contigua (hombre pulcro que se baña todos los días Y QUE LUEGO SE CONVERTIRÍA EN mi primer obstáculo a sortear!). La experiencia vivida recientemente, la consideró como una excepción que no volvería a repetir en su vida. A mi me pasó justamente lo contrario. Y para colmo…se me prendió la lamparita!  

“Y si hacemos un campamento de familias completas con los padres del Marín?” Recibió mi sugerencia con un “Ni loco, olvidate! Si queres conocer más a las familias del colegio, los invitamos en tandas a comer a casa y lo pasamos bárbaro!” Luego de mis insistencias –que fueron muchas y constantes- accedió, convencido de que el resto de los padres me sacarían vendiendo almanaques y todo quedaría como una idea loca, producto de un momento de absoluta irracionalidad. Por esa época había sido invitada a coordinar el curso de mi hija y pensé entonces “tengo que escribir y ofrecer algo que los tiente”. Apunté los cañones al camping de Zárate que contaba con río para pescar, un barco atracado en tierra esperando ser visitado y un sector granja con conejos gigantescos, pavos reales, gallinas, patos y 4 leones! Sí, leones. Me abstuve de mencionar los deplorables baños y detalles que no fueran de utilidad. Juré convocar a Tarzán de ser necesario!  

Y así fue como mandé un primer mail al curso, un poco inquieta por saber qué me responderían pero con mucho entusiasmo que intenté contagiar. Las respuestas no se hicieron esperar. Enorme fue mi sorpresa cuando los mails llegaban uno tras otro festejando la gran aventura y la idea de acampar todos juntos. Algunos pocos fueron “huesitos duros de roer”, uno que otro pituco que no se ensuciaría ni loco, además de mi coequiper en la coordinación que insistía en dormir en colchón king size y que el desayuno se lo trajeran a la cama por la mañana, florero mediante con rositas rococó de ser posible… A los más complicados les prometí el oro y el moro, jajaaj, diversión asegurada, rico asadito, lechoncito de por medio, guitasha pa´cantar y timba… Percibí que varios se entregaron rendidos, sacrificándose por sus hijos que estaban copadísimos con la idea. 

La fecha se acercaba y surgían dudas de todo tipo, cuánta comida, cuánta bebida, y si llueve que hacemos? Llegamos a diagramar un plan B que, consistiría en reunirnos todos en una casa a pasar unas horas juntos, si el clima no nos acompañaba, al menos comeríamos toda la comida que pensábamos preparar y para que los chicos no se quedaran con la ilusión. 

En el colegio: revuelo similar, Martina venía todos los días con comentarios, “me dijo Fulanito que lleva caña de pescar”, “Menganito dice que a la noche los chicos preparemos nuestro propio fogón separado de los grandes”, “Sultanito…” 

Cuando unos pocos días antes empezó a llover de forma continua, mis nervios estaban cuasi destrozados, a los oídos del Señor los supuse aturdidos por mis rezos! Pero paró y con barro mediante nos fuimos pal camping.

..... en la próxima entrega "el primer campamento"

Cariños, Jor Reggi

 

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